A
veces lo que importa no son las formas. A veces lo de menos es el cómo.
Importando siempre más el fin, que en ciertas ocasiones, justifica los medios.
A veces he sentido la necesidad de plantarte un buen abrazo, de estos largos
que duran un dato. Esos que dan una cifra entre te quiero mucho y no te vayas.
Y esperar ahí juntos a ver si pasa algo. O a ver si no pasa, pero que se quede
ahí un ratito. El tiempo que da para antojarse otro. Porque lo importante no es
cómo se da, sino como se recibe, pero sobre todo como se repite.
Por
eso tengo una gama de abrazos guardados en mi cartera, por si algún día me pides cariño. Por si un día, a parte de palabras, me pides
gestos. Porque abrazar se puede abrazar de muchas maneras diferentes. Pero
dejarse abrazar, eso ya es cuerpo de otro ser. Harina de otro costal. Amor de
otro comensal.
Abrazarse
es venderse. Dejarse querer. Amarse por completo. Dejarlo todo amado y bien
amado. No hay abrazos de Judas, ni abrazar por abrazar. Aquí si se abraza, se
abraza bien. El contacto es vital. El contacto es aprecio.
Querer repetir un abrazo tan fuerte es quererse con
ganas.
Dejarse todas las vergüenzas en la percha y disfrutar de todo el amor
que viene a darte aquella persona que con una sonrisa y unos brazos abiertos de
par en par piensa darte un bofetón en ese sentimiento que lo tenías algo perdido:
la locura. Quererse fuerte es abrazarse sin medida. Volcar tu cuerpo en el del
otro y saciarse de la fuerza y energía de aquel o aquella que con un gesto
acaba de darte un chute de adrenalina a tus sentimientos. Después de eso viene
un beso. Sincero. O un te he echado de menos. De esos de verdad.
Pero
no hay nada como abrazarse despacio. El querer lento. El saber disfrutar de
cada roce entre tu piel y la mía. No hay nada como disfrutar el momento. El
'aquí estoy' en forma de envolver todo lo que quieres cuidar. Porque a fin de
cuentas es enlazar aquella o aquel que te tiene enviciado a estos gestos que si
repites es por puro amor, y no por vicio.
Si se
quiere, que se abrace. Si se quiere, que se sienta. Que se repita. Porque no
hay nada como quererse en brazos de otro. No hay nada como sentirse protegido
por alguien , que hacerte daño no formaba parte de su gama de abrazos. Tú
puedes querer que te abracen. Puedes ir y buscarlo o dentro de lo que cabe pedirlo ,exigirlo o
demandarlo. Abrazarse no es cuestión de fe sino de ímpetu. Dejarse abrazar es
lo único que aún no sé como te sienta.
Y aquí
declaro mi guerra particular contra todo tu cuerpo. A partir de hoy los besos
van a ser secundarios. Ya ningún 'te quiero' irá tan vacío de gesto.
Y todas, óyeme, todas, las
pienso utilizar.
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